Arte · Historia · Antropología
José Morey Ríos,
El Espíritu del Amazonas
«…En mis inicios como artista, buscaba a través de la interpretación geométrica de las formas, una manera de expresión propia y original. Cuando descubrí la llanchama, no sabía hasta dónde podía llegar. Ahora, cada vez que parece agotarse la inspiración, surge una nueva conexión con el material. Llanchama, tela mágica, nativa, mi maestra silenciosa, continúa enseñándome a visualizar imágenes que me gusta pintar…»
Estar dentro del relato, obra y vida de José Morey, es encontrarse con la historia reciente del Amazonas, no solo relatada, sino también visualmente sentida. Sin duda un Maestro Llanchama de sus formas y colores.
¿ José, cuéntanos de tu pueblo y su historia?
He tenido amigos trabajando en comunicación desde antes de dedicarme a la pintura. Por esos años —los 80s.— estuve trabajando para una oficina del gobierno encargado de promover la imagen de sus logros y políticas. Conocían de mis habilidades en el diseño gráfico por lo que me invitaron a unirme a ellos.
En el año que estuve ahí, entre otras cosas edité un boletín mensual de las actividades de la oficina, llamada «Cooperación Popular». Esta oficina, como todas las que funcionaban en el país, desarrollaba proyectos del gobierno dirigidos al pueblo: asistencia temporal de trabajo comunal, limpieza, habilitación de tramos de carretera, producción y crianza de animales menores, siembra y cosecha de hortalizas.
Mi trabajo consistía en acompañar estas tareas para registrar fotos y datos, emitir notas de prensa y, personalmente, repartirlas en los distintos medios noticiosos de la ciudad. De esta manera hice amistad con muchos periodistas.
A finales de la década de los 80, ingresé a estudiar Bellas Artes. En 1988 había cumplido 37 años e iniciaba la carrera de arte, cuando en un concurso para crear el emblema que representara a la región Loreto, resultó el ganador. A partir de ahí, la prensa local empezó a dedicarle espacios. El emblema que representa Loreto ha cumplido hasta la actualidad casi 40 años de vigencia, lo que ubica a José Morey en un lugar de la historia de su región.
Los años de academia, hasta 1992 en que egresó, transcurrieron muy rápido pero con mucha historia estudiantil. Ya ensayaba «la geometrización de las formas» como alternativa a otras formas de expresión de sus colegas de promoción.
¡Bello!, José, cuéntanos del ambiente local donde te desarrollaste
Iquitos es una ciudad donde «casi» todos nos conocemos. Aquí sólo se puede llegar por avión o río. No hay carreteras que nos conecten con otros poblados importantes.
Vivir en este lugar representa una niñez rica en aventuras. Mucho recorrido con mi padre y la corta parte de su vida que pasé con él. Yo tenía 14 años cuando él murió. Eran los años de 1956 hasta los 60s. Viajé por el Amazonas cuando mi padre comandaba una motonave para pasajeros en ruta Iquitos-Pucallpa, «Adolfo», la ciudad natal de Don Agustín Rivas. Conocí muchos pueblos pequeños en esta ruta, incluida Tamshiyacu.
Cuando el barco atracaba para abastecerse de «leña», combustible del barco, mi padre aprovechaba el tiempo para tomar apuntes a lápiz de los pobladores del lugar. Yo estaba siempre a su lado, mirando la habilidad y destreza de cómo dibujaba los rostros, costumbres y vestimenta de muchos nativos naturales del lugar.
Estudié mi secundaria en la ciudad de Requena (1966 y 1967), famosa por su colegio secundario y ambientes para recibir a alumnos en calidad de internos, dirigido por padres franciscanos. La llaman «La Atenas del Ucayali». En esta ciudad, en una oportunidad, indios de la jungla ingresaron al poblado y raptaron a jóvenes del lugar. Había mucho temor.
Siempre estuve en contacto con la naturaleza: árboles, ríos, bosque y lagos. Historias de fantasmas y aparecidos, de raptos en el agua, de animales extraños y fabulosos, relatadas por vecinos, mi tía o mi madre, en las conversaciones de la noche. La costumbre de nadar en el río desde pequeños, pescar con improvisados anzuelos o disparar a las garzas con rudimentarias hondas de goma.
La gente de Iquitos es agradable, comunicativa, divertida y acogedora. Nos gusta la gente que visita este lugar. Mucha gente de Europa ha venido desde la época de oro del caucho. Muchas familias descendemos de otros venidos de España, Portugal, Inglaterra y Alemania. Iquitos es el puerto del Perú que sale al Atlántico y de ahí a cualquier parte del mundo como lo ha hecho desde finales de 1800.
Mi libertad ahora está en mi mente. La creatividad de mi trabajo adulto y reflexivo, constante y metódico me lleva a sentir grandes emociones y estados de felicidad. La velocidad con que se producían los estados eufóricos en la juventud sirven ahora para recrear, pienso, las innovaciones de mis figuras y diseños.
José, vamos a tu obra. ¿Qué te llevó a crear lo que estás haciendo?
El título de esta obra es «La novia del Yacuruna». Fue realizada en el 2012. Óleo sobre lienzo, proyectada bajo la técnica de la llanchama, que consiste en transferir las líneas de esa fibra natural sobre el lienzo.
Por esos años ya había superado la enfermedad que me tuvo muy preocupado desde el 2008. A fines del 2007 fui diagnosticado con cirrosis en su etapa temprana. Me topé con un médico de medicina integrativa investigando un método revolucionario y me convenció para acogerme al proceso sin costo alguno. Fui privilegiado.
Paralelamente continué visitando a Don Agustín Rivas, a quien conozco desde 2004. Mi salud nunca se volvió a deteriorar. Al contrario fue mejorando, con lo que comprobé una vez más que la planta madre es una medicina ancestral sin contraindicaciones con otros tratamientos.
En el 2012, las ceremonias de Don Agustín se hacían en su campamento del río Amazonas. Frente al puerto de Tamshiyacu, cruzando el río, en un espacio especial frente al agua donde se realizan las ceremonias. En ellas tenía muchas visiones relacionadas con el agua: Yacurunas, sirenas, barcos fantasmas, animales acuáticos increíbles que salían del río a caminar por la playa. Fue esa etapa la que aportó esta obra.
Esta obra terminada fue mostrada en Austria en mayo del 2012. No la vendí. Al año siguiente fue llevada a Alemania. Tampoco alguien se interesó en ese momento. Walter, un amigo de Don Agustín en Austria, años más tarde confió su decisión de adquirirla. Me dijo que desde que vió la obra pensó en ahorrar su dinero para comprarla. Se la llevó el 2017 a un templo de ceremonias de ayahuasca en Austria, donde dijera que el cuadro le producía una energía de curación que no podía explicar. «El cuadro tenía una misión sanadora». Yo dije: «…qué grandioso que una obra mía tenga esta connotación».
Sinopsis: La novia del Yacuruna
En las profundidades del Río Amazonas viven comunidades subacuáticas de seres incredibles. Muchos de ellos son «pucabufeos» (delfines rosados). Los jóvenes pucabufeos machos y hembras se divierten con los humanos transformando sus cuerpos para raptarlos llevándolos al fondo de los ríos. Los viejos pucabufeos, llamados «yacurunas» (hombres del agua), son curanderos empedernidos que siempre están evolucionando en sabiduría.
Mariana fue una niña que nació con discapacidad para caminar. Sus padres, pescadores, la llevaban al río para que al nadar desarrollara sus brazos. La niña fue creciendo y terminó la secundaria en su pueblito rural en una silla de «shungo» —varilla flexible de mimbre—. En la universidad, mientras estudiaba enfermería, competía en natación y ganaba todas sus competencias.
Un día, paseando en canoa recordando cuando nadaba de niña, se presentó un señor nadando por la popa. Se encontraron por semanas. Se enamoraron. Ramar, el médico yacuruna, le pidió casarse y acompañarlo a vivir en las profundidades del río ayudándole a curar. Mariana ahora vive con ellos, no usa silla de ruedas, y de vez en cuando sale a la superficie a visitar a sus queridos padres, quienes sin saberlo, mientras la enseñaban a nadar de pequeña, su futuro esposo la observaba.
Cuéntanos de tu obra: su pasado, su presente
Cuando egreso de la Escuela de Bellas Artes de Iquitos en 1992, pintaba temas costumbristas, paisajes y bodegones clásicos de frutas de la región. Más tarde empezaría a modificar un poco la técnica y hacer geometrismo, apartándome del academicismo rígido y convencional. Surgió la geometrización de las formas de animales de la Amazonía, entre peces, aves y mamíferos, tratando de encontrar los inicios de los grandes cubistas con Picasso a la cabeza.
Con tres obras de este estilo obtuve una mención honrosa para exponer en la Bienal de Lima de 1998. Guardo muy buenos recuerdos de esa monumental exhibición.
El descubrimiento de la Llanchama
El encuentro con la llanchama se produce a finales del milenio. En 1999, un alumno de la carrera de arte, oriundo de la comunidad nativa de los Boras de Pucaurquillo en Pevas, me regala un pedazo de esta tela y me relata que el material es usado en las comunidades nativas para hacer vestidos, adornos corporales y también para pintar cuadros con tintes naturales. «Profesor, conozca esta tela que proviene del árbol del ojé».
En el año 2002 realizo mi primera muestra de pintura con soporte de llanchama. La prensa escribe y difunde mi trabajo ubicándome como «El intérprete de las líneas de la llanchama».
En 2009 realizo una exposición individual en Lima presentando una variante de la técnica: pegar la llanchama sobre el lienzo de tela, un «collage» muy rico en textura. En 2012 y 2013 se producen dos viajes a Europa por invitaciones de ciudadanos amigos de Austria y Alemania. Ambas veces tuve la suerte de poder vender mis trabajos.
En estas exposiciones europeas, la técnica había dado otro vuelco en innovación: transferir las líneas de la llanchama a partir de una matriz. Esa matriz deja impresa en la tela las líneas del árbol, por las que iré buscando las formas y composición del nuevo trabajo. Como dijera un amigo escritor: es una técnica de «azar dirigido».
Frente al lienzo impreso con las líneas, no sé a ciencia cierta cuál será la forma y composición que aparezca. He descubierto que esta manera de aceptar la sugerencia del diseño preestablecido tiene sus errores, propios de una materia natural pura. Es como el carbón que luego ha de convertirse en diamante.
Mi obra en la actualidad ha pasado del esquematismo lineal de colores y formas a manera de imitación de vitrales góticos, a un esquema de módulos fragmentados como mosaicos griegos. De la frescura de los tonos claros y luminosos a los dominios de tonos profundos, pardos, grises y marrones al estilo de los claroscuros de Rembrandt.
La Amazonía, ¿qué es para ti hoy?
Hablar de la Amazonía es entrar en un universo muy complejo. Desde que tengo uso de razón, el sentimiento que tengo de la Amazonía es el recuerdo del lugar donde nací, crecí, me desarrollo y continúo viviendo.
La historia de mi ciudad me cuenta de una época de oro: «La era del caucho», que duró apenas unos 50 años en todo su apogeo. De esa época, Iquitos vió el florecimiento de un auge urbano rico en construcciones de estilo europeo. Muchos inmigrantes se quedaron a vivir en esta ciudad, embelleciéndola al estilo «portugués» y «inglés». Iquitos es el puerto del Perú que sale al Atlántico, por donde ingresaron grandes buques provenientes de Europa trayendo materiales de construcción para retornar cargados de «bolas de caucho», el oro negro.
Después de esta época vinieron otras no menos importantes para los grandes intereses económicos extranjeros: el auge de la extracción de madera, el tráfico de cocaína. El saqueo sistemático de los recursos de este ecosistema prodigioso se repite por épocas en forma cíclica.
Para concluir, puedo decir que la Amazonía en los tiempos actuales de la globalización está en el ojo de la tormenta por la gran reserva de su caudal y extensión de depósito de agua y todos sus recursos naturales. Ya las voces se han levantado para denunciar políticas educativas de las grandes potencias en las que en los colegios se enseña a los niños a reconocer el río Amazonas como de propiedad de todo el mundo. Se viene el saqueo nuevamente. Al igual que el caucho y la madera: «El Agua».
La Amazonía en mi recuerdo siempre estará como el lugar privilegiado y el ejemplo de la vida en equilibrio entre su poblador nativo y la naturaleza.
¿Cuál es tu sueño para la Amazonía?
Yo quisiera que la Amazonía se convierta en el parque más grande del planeta donde se observe el respeto mundial a su sistema ecológico, respeto a los pobladores nativos de su territorio, a su limpieza y mantenimiento de su natural cauce, sin modificaciones artificiales de su curso.
¿Qué es para ti el Shamanismo?
El shamanismo es una actividad relacionada con la toma de ayahuasca. Pero en sí, un shaman es un conocedor del uso de plantas, raíces y cortezas para la curación de enfermedades. En la antigüedad, cuando no habían farmacias, hospitales ni médicos de estudios académicos, en los lugares apartados donde sólo vivían nativos en estado semi salvaje, estos hombres —generalmente no mujeres— eran los hombres sabios que curaban y trataban las enfermedades con el conocimiento adquirido de su experimentación personal con la ayahuasca y otras plantas. Llevan la responsabilidad de garantizar el progreso de su población, curar, enseñar, administrar justicia. En realidad eran los guías espirituales y los más respetados por su comunidad.
En la actualidad me atrevería a decir que ya no queda un solo shaman de esta categoría en estas latitudes amazónicas. Los hay de todas las clases. Aunque digo también que entre toda esta variedad de hombres nuevos surgidos del mestizaje, todavía se puede encontrar a alguno que conserve algo de esa pureza de los antiguos.
El tema promovido por el shamanismo es algo muy serio que debe ser aclarado y desmitificado para que su uso sea respetado y aprovechado con la humildad de la naturaleza de la planta, puesta sobre la tierra para buscar los valores humanos que conduzcan a crear una sociedad justa con igualdad y oportunidad de vivir mejor.
Las plantas maestras: el ayahuasca y la chacruna, ¿qué son para ti?
El ayahuasca está considerada como la planta madre. Para mí el ayahuasca es el descubrimiento extraordinario que le ocurrió a mi vida. Me cambió en muchos aspectos corrigiendo defectos y errores en mi comportamiento y sensibilidad. Abrió el camino para «andar entre otros con conocimientos varios».
La chacruna es una planta complementaria que le permite en su mezcla alcanzar niveles de efectividad para lograr «mareaciones» y «visiones» durante las horas que dura su efecto. Esas mareaciones y visiones son las que curan y sanan. La chacruna contiene DMT, dimetiltriptamina, sustancia que produce la luz en las visiones. Las visiones no son cosa común para todos siempre que la toman. Para mí hace mucho que no tengo visiones como las tenía antes cuando me inicié. Ahora mis experiencias están en niveles de conciencia más elaborados, dirigidos a la ayuda y asistencia de personas que tomamos en grupo.
¿Cuál es tu mirada futura para tu obra?
Mi obra deberá concluir con el sello personal de un estilo moderno —abstracto, impresionista abstracto, u óptico, no lo sé— donde el estilo descubierto de las líneas de llanchama confluya en la expresión de un contenido conceptual estrechamente ligado con la naturaleza.
La naturaleza del bosque con toda su variedad de árboles y plantas. De raíces, semillas y cortezas. De hojas y flores diversas. La naturaleza de sus formas vivientes: agua, cielo y tierra. Peces y mamíferos acuáticos. Monos, otorongos y sachavacas. Garzas, gavilanes y ayaymamas. Boas y yacumamas. La naturaleza de sus mitos y creencias conocidas por tradición oral. La naturaleza de sus hombres y mujeres salvajes: pobladores libres de los montes, bosques y lagunas.
Mi obra refleja estos sentimientos de la vida silvestre y natural. De desarrollo y evolución. De admiración por el diseño natural de flora y fauna con sus formas y colores brillantes y luminosos. De textura y magia. De amaneceres de esperanza y paz. De olímpica energía joven de reto a la innovación. De emoción en éxtasis de felicidad. Así deberá ser mi obra.
¿Qué mensaje les entregarías a los jóvenes de hoy?
A los jóvenes les diría que podemos observar la disciplina y el juego a la vez. No es algo coherente concebir estas dos cosas simultáneamente, parece no tener sentido. Sin embargo, si se aplican las dos para obtener resultados y logros estimulantes, sí funcionará.
Como reflexión final para todos, ¿qué nos dirías?
«Si tienes que hacer algo, lo que sea que tengas que hacer y no te das cuenta en qué momento comenzó, sino que ya estás metido en eso hasta el cuello: primero pregúntate si lo que estás haciendo es lo que quieres. Si tu respuesta es sí, entonces tienes que empezar a priorizar las cosas. Tienes que cortar, cerrar, borrar todas aquellas cosas que te alejarán o distraerán de lo que estás haciendo, para que te enfoques mejor. Entonces vas a experimentar un sorpresivo logro. Una victoria que te permite detenerte un instante y reflexionar. Más tarde —porque no va a terminar ahí— te cuestionarás nuevamente: ¿Qué es lo que estoy haciendo aquí? En ese instante comprenderás que en lo que estás metido es en algo grande. Nunca es malo lo que estás haciendo sin saber por qué. Deja conducirte en el camino por donde muchas personas han transitado sin saber por qué lo hacían. Sólo disfrutaban la alegría que esto les daba…»
Gracias José, por tu cariñosa atención a esta entrevista. Nos encontraremos pronto cantando mariris con don Agustín y sintiendo con el tacto la textura de la Llanchama.
— Claudio Arenas Vergara, Caco
Iquitos, Amazonas, Perú · Abril 2018